He releído a Irvin D Yalom

Ahora que decidí releer las novelas de Irvin D Yalom so pretexto de la escritura de mi nueva miniserie basada en la historia de Electra, me doy cuenta de cuánto me apasiona el spicoanálisis y cómo me identifico con la vida de los filósofos.

Definitivamente he sido ante todo una mujer entregada a mis lecturas, estudios, creatividad y mundo interior. Esto me lleva a comprender en mí misma la necesidad de ser un ente solitario, de pocas amistades y sin la peculiar necesidad de tener una gran familia.No es de extrañar esta forma de ser en mí, ya que mi padre y mi madre son indénticos; mi padre persé a sí mismo con una fuerte dualidad al haber necesitado estar siempre emparejado y rodeado de hijos. No así mi madre y yo, las cuales actualmente vivimos juntas, cada quien en su solitario espacio y compartiendo una pequeña y tierna mascota que acompaña nuestras horas de soledad. Cada una de nosotras vivimos un amplísimo mundo interior que llena nuestras horas; en mi caso, horas dedicadas al estudio del piano y la flauta, la escritura, la producción de mis videos y ciertas horas a la lectura; mi madre, dedicada a leer grandes novelas y ahora también a ver espectaculares miniseres en Netflix. Es poco lo que convivimos juntas. Cada una se encuentra por lo general en su solitario espacio y sin embargo, encuentro nuestros instantes juntas de una gran calidad, precisamente porque siempre tenemos mucho que contarnos y nuestras pláticas son siempre muy profundas, debido quizás a nuestros largos años de terapia en donde adquirimos el hábito de analizar nuestros sentimientos y amar el arte de escudriñar dentro de nuestra compleja estructura mental. Por otro lado, hemos desarrollado una gran capacidad de tolerancia. Conocemos perfecto las áreas no tan deseadas de cada una de nosotras y simplemente las aceptamos. Yo he aprendido a no quejarme  del desorden en su refrigerador y mejor me limito a ordenarlo y limpiarlo, ella ha aprendido a no tomar muy a pecho mis pequeña furias cuando algo no sale del todo bien, porque sabe que de inmediato me calmaré si hace caso omiso pero que si le da importancia no sólo podría alterarme más sino se prolongaría una discusión inútil. Al mismo tiempo, yo he aprendido que no vale la pena alterarse de cualquier estupidez cuando la vida es tan corta y realmente soy privilegiada. Así, cada día, disfruto más y más mi existencia y cuando leo la vida que llevó Espinoza, por ejemplo, que se atrevió a confrontar a la sociedad de su época para vivir exactamente su sueño, me doy cuenta de que esas mismas decisiones me han llevado a la plenitud absoluta, lujo que muy pocos seres humanos se atreven a darse.

Hoy vivo mi sueño en el presente, en cada segundo de existencia. Ya no tengo que esperar a que llegue ese día futuro, Ya estoy aquí. Y ¿saben qué? Me fue tan fácil llegar a ella. Pero para ello tuve que pasar años creyendo que mi felicidad era no sólo difícil de alcanzar, era casi imposible, una utopía.

Hoy me llena: pasear a mi perro, caminar 2500 pasos diarios para llegar a la clase de yoga, tomar mi yoga, el baño que luego me doy, caminar 2500 pasos de regreso, elegir la ropa que usaré, preparar mi delicioso y sano desayuno, prepararme para escribir, filmar o editar, estudiar mi piano y mi flauta, preparar mi comida, hablar con amigos, leer. Son actividades  tan cotidianas y me hacen sentir plena. Creo que el secreto es que gracias a todos los obstáculos pasados, los dolores, las frustraciones, hoy valoro tener esta paz y tranquilidad.

Entonces leo a Irvin D Yalom y puedo amarlo como si lo conociera y fuera mi amigo y le agradezco en secreto el que haya existido un ser como él en este planeta y que haya decidido escribir sus maravillosas novelas.  Las recominedo ampliamente por su sencillez, por su honestidad, por su profundidad, por su humildad, por su sensibilidad e inteligencia. Me refiero a las novelas: El día que Nietzche lloró, Lying on the coach, The Spinoza problem, La cura Schopenhauer, Creatures of a day.

 

AUTHOR: Kenia Gascón
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