Hábitos sanos de alimentación

Yo como actriz siempre he tenido la necesidad de cuidar mi figurar y es por ello que me vi en la necesidad de aprender a comer sano todos los días y para el resto de mi vida. He de confesar que habiendo nacido en una familia mexicana amo la grasa, amo la comida condimentada y pensar en tener que vivir comiendo como enferma el resto de mi vida para mí representaba una pesadilla. Esto era por falta ignorancia y falta de información. ¿Por qué? Uno crece oyendo mil y un dieta con al idea de que si deseas tener el cuerpo perfecto: hoy en día ese cuerpo es de mujer esquelética, debes matarte de hambre, comer insípido y sufrir. Nada más falso, poque de hecho, si haces eso estarás atrofiando la sabiduría original de tu cuerpo para quemar grasas.

Hoy se sabe que lo ideal es aprender a comer sano y equilibrado. Ojalá yo hubiera sabido esto a temprana edad y me hubiera educado a comer bien desde antes. Me hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza, dietas yoyo que me llevaron a subir mucho de peso e inclusive a tener un cuerpo flácido y con celulitis. Por desgracia aprender a veces lleva su tiempo. A mí me llevó años.

Mi madre sí fue de las que desde niños nos enseñó a comer de todo, ante todo mariscos, frutas y verduras y eso lo agradezco porque gracias a ello hoy soy feliz comiendo sano. Sin embargo, mi madre era de las que creía que una buena alimentación constaba de entrada, sopa, guisado con arroz, papas, frijoles, ensalada, a veces otra opción de plato fuerte, tortillas o pan, postres, agua de sabor o refresco y café. ¡Es demasiado! Y bueno, así crecí, atiborrándome de comida, creyendo que sentir tres piedras en el fondo de tu estómago después de comer era lo saludable. Además, era de las que por la tarde podía devorarme dos cajas de chocolates yo solita o un frasco lleno de cajeta y nadie nunca me dijo que esto era pésimo.

Yo tampoco me había hecho consciente de que esta conducta compulsiva por comer dulce en realidad intentaba sustituir una serie de cosas emocionales que no tenía resueltas. Es hasta ahora, muchísimos años después que  he tenido que aceptar que soy adicta al dulce y como tal tratarlo.

Hoy he leído muchas teorías desde las más conservadoras hasta las más extremas como es, por ejemplo, decidir dejar la carne por completo.

En ese sentido yo soy conservadora. Es decir: no he dejado del todo la carne pero sí la he reducido de manera significativa y hoy doy prioridad a los vegetales, verduras y legumbres. Las frutas las tomo de manera controlada, pero lo que es las harinas blancas, la azúcar y los refrescos, los he eliminado por completo y me ha cambiado la vida.

En este espacio les iré platicando poco a poco en qué consiste la comida Keniana y cómo que es me ha ayudado tanto a regularizar mi digestión, olvidarme del vientre inflamado o sufrir el fenómeno yoyo de subir y bajar de peso de manera constante.

También platicaré de otros metódos que yo no sigo pero que me parecen interesantes.

Hasta la próxima.

Fruits and vegetables at a farmer's market

Fruits and vegetables at a farmer’s market

AUTHOR: Kenia Gascón
4 Comments
  • Carlos Guzman

    Compensamos una serie de vacíos emocionales con los carbohidratos. Hay una escena en “El abogado del Diablo” en donde Keanu Reaves le pregunta a Al Pacino:
    – ¿Y qué hay del amor?
    – No hay gran diferencia entre comer grandes cantidades de chocolate.
    Lo malo es que a largo plazo eso se traduce en diabetes, obesidad, higado graso y un largo etcétera.
    saludos

    noviembre 13, 2016
      • Carlos Guzman

        Y es comprensible. El chocolate (científicamente comprobado) contiene químicos que estimulan la serotonina (que a nivel nervioso produce excitación, y, digámoslo así: felicidad). En general, los carbohidratos elevan la glucosa en el cuerpo produciendo bienestar.
        Buena noche.

        noviembre 14, 2016

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